Pasillo con color
Este pasillo se concibe como un espacio de transición abierto que trasciende su función de circulación para convertirse en un lugar de estancia y encuentro. La composición se organiza a partir de un eje central amplio, resuelto con piso de concreto aparente, que favorece la fluidez peatonal y permite distintas apropiaciones del espacio.
A ambos lados, las jardineras lineales introducen vegetación con olivos de porte medio que, además de aportar sombra y confort microclimático, establecen un ritmo natural que acompaña el recorrido.
Los muros laterales, fragmentados en tramos y con sutiles variaciones de profundidad, generan una secuencia espacial dinámica. Los retranqueos y cambios de plano no solo rompen la linealidad del pasillo, sino que producen pequeñas estancias intermedias que invitan a la pausa y a la interacción social.
Esta modulación del espacio construye una experiencia más rica, donde el usuario no solo transita, sino que habita el recorrido.
En este contexto, el color se convierte en un elemento proyectual fundamental. Más allá de su condición superficial, los tonos inspirados en la paleta mexicana actúan como verdaderos estructuradores del espacio.
Cada plano de color define límites, jerarquías y transiciones, dotando a cada tramo de una identidad particular. La alternancia de colores intensos genera contrastes que enfatizan la profundidad, resaltan los volúmenes y guían la percepción del usuario a lo largo del eje.
Así, el color no se entiende como un acabado, sino como un generador de atmósferas. Su correcta aplicación transforma el pasillo en un entorno legible, acogedor y memorable, capaz de influir en el estado de ánimo de quienes lo recorren.
En conjunto con la vegetación, la escala humana y la modulación de los muros, se configura un espacio urbano eficiente que integra funcionalidad y expresión, logrando un equilibrio entre lo práctico y lo sensorial.
